Quisiera a ti regalarte el cielo, llenártelo de los estrellas, que nos alumbren esta bella velada robada a un tiempo de damas de galanes. Quisiera abrumarte con besos y caricias, con el aroma de rosa rozando tus suaves labios.
No concibo este mundo tu risa ni tu mirada. Esos ojos almendrados, tan dulces, tan hermosos, que una vez posaste en mi con gracia casi divina, encendieron en mi una llama olvidada, que ahora prende intensa devolviendo a mi atormentado cuerpo, frio en la soledad que me acompañaba, su calor.
Tu sola presencia evoca en mi a las musas que por tanto tiempo me habian sido esquivas, y hace la letra cobre renovado entusiamo.
Quién diria, que aún podría este amor rejuvenecer mi canto, y alzarnos en armonioso conjunto hacia un cielo abierto a la esperanza de un joven soñador.
Mil gracias, que Dios en besos transforme.
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