“No puede ser, no de esta manera, no así”
Las lágrimas recorrían su cara, deslizándose cruelmente por sus sonrojadas mejillas.
“No tiene sentido”
Se repetía una y otra vez sin poder entender los motivos que la habían conducido a tomar tal decisión. En su mente se amontonaban los recuerdos: su risa, sencilla y limpia, y a la vez tan pura; su mirada, inocente; el tacto de su delicada piel; de fina seda; el suave aroma, la dulce fragancia de su cuerpo desnudo junto al suyo. En el mundo muchas cosas carecen de sentido lógico, demasiadas elecciones tomadas en un loco arrebato obviando las consecuencias que en los demás generan, algunas de las cuales irreparables. El dolor es a veces la única verdad tangible, la única que nunca nos olvida, aquella que siempre nos persigue, paciente. Desde que nacemos, y durante toda nuestra existencia nos acompaña, cual pasajera silenciosa, pendiente de nuestro descuido. Se alimenta de las ilusiones rotas, de los sueños perdidos. Cuando mayor es nuestro equipaje más cerca de nosotros esta.
“¿Por qué?”
Se pregunta, pero jamás conocerá la respuesta, pues no la hay. Su alma yace ante él, convaleciente, herida de gravedad. Hay heridas que nunca sanan. Cicatrices que marcan algo más que un cuerpo, un carácter, una forma de vivir, una forma de creer. No son pocos los que piensan que son estas cosas las que nos harán más fuertes, las que nos harán crecer y ser mejores personas con nosotros mismos y los demás. Incrédulos todos ellos, No creo que las lágrimas hagan más fuerte, ni que la herida haga más valiente.
“ ”
Eso es lo único cierto en todo esto, el vacio que queda nada más puede cubrirlo. Ya pertenecerá por siempre a quién lo abandonó; demasiado premio para quién no lo merece, pero insuficiente para quién preparó un corazón para acomodar con quién compartir sus alegrías y tristezas, sus deseos y esperanzas. Ese corazón tendrá ya por siempre un lugar donde guardar todo aquello que el tiempo no logre borrar.
Alza su mirada al cielo, no pide clemencia, tampoco perdón, ya ha perdido su fe, no busca a ningún Dios. Tan solo desea sentir el frio viento acariciar su cara. Notar como su cuerpo se refresca bajo esta preciosa noche invernal, donde las primeras gotas de lluvia comienza a caer sobre los perezosos turistas de la ciudad imperial, que empiezan a correr en busca de refugio donde guarecerse y poder cenar tranquilos frente a la Ópera.
Ahora que no le quedan más lágrimas en sus ojos, tiene que llorar el alma. La lluvia, ahora sí, rompe con fuerza sobre Viena.
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