martes, 9 de junio de 2009

Los cañones bramabron con un sonido ensordecedor, mientras escupían por sus bocas fuego y hierro. Las débiles empalizadas de madera no fueron sufiente para frenar aquellas enormes piedras de hierro que atravesaron la estructuras explotando con violencia en su interior liberando con cada explosión miles de esquirlas de hierros que atrvesaban la carne de nuestros hombre fusionando el fuego, el hierro y la carne. Tras la descarga inicial, el general hizo un nuevo mivimiento, sólo que esta vez respondio la columna de hombre. Con paso ligero empezaron a avanzar hacia nuestras posiciones.

Sus relucientes bayoenetas emitian debiles destellos dorados al reflejar las últimas luces del dia. Aquellos soldados eran profesionales de la guerra, no temian ni a la muerte ni al enemigo, sus aguerridos comandantes avanzaban en la primera linea dispuestos arecibir el primer disparo por sus hombres. Avanzaban en compacto bloques, en filas muy prietas, pronto nuestros cañones acertaron en sus objetivos, levantando por los aires hombres o mienbros mutilados y sembrando el campo de batalla de muerte, sin embargo, estos soldados no perdían el paso, y pronto surgían nuevos hombres que llenaban los huecos dejados por sus caidos.

Cuando empezaron a entrar en nuestro rango de disparon, sin órden alguna, aquellos hombres rompieron las filas, y corrieron hacia nuestras murallas poseidos por el ansía de alcanzar pronto su destino. Entre todos aquellos hombres había escalas, escaleras, ganchos y otra serie de ingenios para alcanzar nuestra posición. Nuestra descarga dejo el campo lleno s muertos y regeros de sangre empezaron a salir de aquellos cuerpo formando horribles charco rojos en el suelo.

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