miércoles, 20 de mayo de 2015

El amor

Una mirada, un gesto, una caricia.
Unos labios cobardes que buscan, en la piel que rodea al cuello, una presa sencilla. Que rehúyen el compromiso tácito que significa el encuentro de dos lenguas que no desean hablar. Sin contemplaciones ni remilgos son los ojos los que, cerrados, recorren con la imaginación de cada uno el cuerpo del otro. Nada escapa a su deseo. La lujuria se abre paso entre sus piernas, decidida. Ella no vacila. La desea. Y aunque sea tan sólo por un breve instante tiempo, formarán uno.
Las promesas, las mentiras y las palabras se pierden entre gemidos, reales y fingidos. Entre uñas que arañan la piel, entre manos que abrazan la carne, entre bocas que muerden sin mesura. El ritmo se acelera y los cuerpos se retuercen. Gozar y disfrutar son las máximas. El pecado penetra sin encontrar resistencia alguna. Hasta el fondo de sus pervertidas mentes. Y de las vuestras.
Una mano de sale del guion y agarra el borde de la cama. El color rojo encendido de su pintauñas está pagando el esfuerzo. Apenas queda suficiente para reconocer el color. El sudor recorre su espalda corrompiendo a su paso hasta la más oculta de sus intenciones. Y eso le gusta.
Él se pierde en su busto. Hipnotizado con su armónico ritmo. No puede evitar la necesidad de tocarlo, de recogerlo entre sus manos y besarlo. De caminar en el desierto entre sus dunas. De delinear con su lengua el dibujo que sus lunares le pintan. Y eso le gusta.

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