viernes, 27 de abril de 2012
El invierno
Tan solo parece haber vacío y sin embargo, una suave brisa acaricia mi alma con calma y sabiduría, arrancando de mi una sonrisa, tal vez la última. No queda ya apenas inspiración, la pluma rasca el papel, seca, trazando sobre éste palabras ilegibles y versos inacabados. Ya no hay estrellas, ni musas que guíen mis palabras, que las envuelvan en manto dorado y las entreguen ante las puertas del cielo. No sé que pensar, mi mente esta cansada y mi cuerpo agotado. Las lágrimas ocultan el horizonte y oscurecen mi visión. El futuro se augura lluvioso. Nunca fui un hombre de prosa fácil, jamás me sentí en la necesidad de expresar mis emociones, pues siempre pensé que estas podían leerse en mis ojos. Cuesta escribir, es como desgranarse a uno mismo. Frente a frente con un papel en blanco, como un joven ante un espejo. El reto siempre permanece, al igual que el miedo que, como un fantasma, vaga por nuestro cuerpo invisible a la vista agarrotando cada miembro. Nunca puede uno librarse de esa sensación tenebrosa y oscura. Recemos pues, a Dios, por que nos devuelva la cordura y nos otorge esa chispa que haga a las letras agiles, y a las palabras cálidas. Roguemos pues, para que nos evite este frio invierno.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Grande, muy grande, como siempre.
ResponderEliminar