Arranquemos de esos labios cada beso, dejemos que nos maneje el deseo, hagamos este momento eterno. Olvidemos nuestras mentes, sintámonos, poseyéramos. Deja que la música lleve nuestros cuerpos a paraísos idílicos, paraísos carnales. La noche no muere mientras nuestra luz brille más que el mismo sol.
Bebamos nuestras memorias hasta que las cadenas que nos atan a la cordura se rompan en mil pedazos. Despeguemos lejos, soñemos sin miedo esta vida terca.
Tomemos fantasías que nos eleven por encima de la vulgaridad que nos atrapa.
Metámonos hasta el último resquicio de locura que hay en este planeta, bien profundo, que cale en los huesos. Que sea tu mano la que guíe mi destino, torcido y esquivo, hasta su final más pasional. Liberemos nuestra creatividad, dejemos que se realice, que se complete en este mundo enfermo.
Consumemos nuestra juventud a la luz de la luna. Consumamos cada segundo, como si fuera el último. No dejemos tiempo al aliento. Susurremos, gritemos, gimamos. Recuérdame qué es la vida, recuérdame porqué vivo.
jueves, 27 de noviembre de 2014
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